
RENO, NV.- El Vaticano anunció que el esperado cónclave para elegir al nuevo papa comenzará el próximo 7 de mayo, tras unos días adicionales de reuniones informales para fomentar el consenso entre los cardenales. El proceso, cargado de tradición y expectativa, tendrá lugar en la emblemática Capilla Sixtina, famosa por los frescos de Miguel Ángel.
Solo los cardenales menores de 80 años pueden votar, pero aún no está claro cuántos de los 135 electores participarán efectivamente. En medio de un ambiente de incertidumbre, el Vaticano busca seguir avanzando hacia una transición ordenada y significativa tras la muerte del Papa Francisco.
Durante el primer día de reuniones, conocido como ‘congregaciones generales’, los cardenales dejaron entrever sus esperanzas y temores. “Hay esperanza de unidad”, afirmó el cardenal argentino Ángel Sixto Rossi, arzobispo de Córdoba de 66 años, quien fue nombrado cardenal por Francisco en 2023.
Muchos cardenales expresaron el deseo de mantener el enfoque pastoral de Francisco, centrado en los marginados y en la promoción de la paz. No obstante, algunos sectores conservadores dentro de la Iglesia plantean un giro hacia doctrinas más tradicionales, como las defendidas por San Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Uno de los temas más controvertidos es la participación del cardenal Angelo Becciu, quien fue obligado a renunciar en 2020 por acusaciones de corrupción. Aunque fue condenado por cargos financieros en 2023, Becciu ha apelado el fallo y sostiene que tiene derecho a votar. Las autoridades eclesiásticas siguen revisando si su participación en el cónclave será permitida, ya que las estadísticas oficiales del Vaticano lo clasifican como un “no elector”.
El Colegio Cardenalicio actual refleja una Iglesia más global que nunca, con cardenales provenientes de más de 90 países. Francisco nombró a casi el 80 % de los cardenales electores actuales, lo que añade un matiz progresista al proceso. Sin embargo, la unidad no está garantizada. El bloque africano, por ejemplo, ha mostrado posturas más conservadoras, especialmente respecto a temas como la inclusión de personas LGBTQ+ en la Iglesia. Esta diversidad de perspectivas podría complicar la elección de un sucesor que mantenga el rumbo de Francisco.
“El rol del pontífice es esencialmente el de mantenernos unidos y esa es la gracia que nos ha dado Dios”, recordó el cardenal británico Vincent Nichols, de 79 años, arzobispo de Westminster.
El ritual del cónclave
Los cardenales ingresarán en procesión a la Capilla Sixtina, cantando “Ven Espíritu Santo”, comprometiéndose a guardar secreto absoluto sobre lo que ocurra. Una vez adentro, se procederá a múltiples rondas de votaciones hasta alcanzar la mayoría de dos tercios.
Si no se elige un papa tras varias rondas, los votos serán quemados y el mundo sabrá el resultado a través de la tradicional fumata: negra si no hay elección, blanca si se ha escogido un nuevo pontífice.
El proceso, diseñado para proteger la independencia del voto, prohíbe expresamente cualquier forma de compra de sufragios, un principio que data de siglos atrás, tras escándalos históricos como el del Papa Alejandro VI en 1492.
La elección final y la “sala de las lágrimas”
Una vez elegido, el nuevo papa será llevado a la denominada “sala de las lágrimas”, un pequeño espacio reservado para la reflexión antes de asumir oficialmente el cargo. Allí, se vestirá con la tradicional sotana blanca y, posteriormente, será presentado ante el mundo desde el balcón de la Basílica de San Pedro. La elección de su nombre pontificio indicará la visión que marcará su liderazgo.
En 2013, Jorge Mario Bergoglio eligió el nombre de Francisco para honrar a San Francisco de Asís, un símbolo de humildad y amor por los pobres. Así, el cónclave no solo elige a un nuevo líder espiritual para 1.300 millones de católicos, sino también marca el rumbo de la Iglesia para los años venideros.





