En un sur de California, la incertidumbre marcó el estado de ánimo de miles de fieles que asistieron este Miércoles de Ceniza a las iglesias del Valle de Coachella. No solo dieron inicio a la Cuaresma, sino que también buscaron consuelo, fortaleza y sentido de comunidad en medio de momentos difíciles.
Mientras muchos recibían la cruz de ceniza en la frente, otros enfrentaban preocupaciones más profundas que limitaron su asistencia: el miedo a redadas migratorias, la posibilidad de separación familiar, el aumento de las rentas y la inestabilidad laboral. En este contexto, el acto religioso se transformó en un espacio de resistencia y solidaridad.
Padres indocumentados, trabajadores esenciales y madres solteras se reunieron en los templos de la región, buscando un momento de oración y apoyo mutuo. Entre ellos, Adriana, madre soltera de dos hijos, compartió su experiencia de ansiedad constante: “Vine a pedir fuerza. Uno no sabe si al salir a trabajar regresará a casa tranquila”, expresó.
En el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en Mecca, el padre Rosendo destacó que la Iglesia se ha esforzado por adaptarse a las necesidades actuales de los fieles. Resaltó que el Miércoles de Ceniza no solo invita a reconocer la fragilidad humana, sino también a agradecer por lo que se tiene y recordar que nadie está solo.
Este año, la cruz de ceniza adquirió un significado especial. Más que un símbolo religioso, se convirtió en una señal silenciosa de resiliencia y unidad en una comunidad que enfrenta desafíos constantes. La ceniza cayo sobre fronteras que trascienden lo espiritual, reflejando la fortaleza colectiva de quienes, a pesar del cansancio y la incertidumbre, mantienen vivas la esperanza.
En 2026, la ceniza se ha transformado en un símbolo vivo: de la dificultad surge una comunidad, y de la incertidumbre, la esperanza.
Fuente original: Noticias Notivalle
Por Mario Campos
18 Feb, 2026





