Reno, NV – El ahogamiento infantil es la principal causa de muerte no relacionada con vehículos en niños de 0 a 4 años, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), y la prevención comienza con la vigilancia constante y el conocimiento de los riesgos reales.
A diferencia de las dramáticas escenas que se ven en las películas, un niño que se está ahogando a menudo no grita ni agita los brazos. Es un evento rápido y silencioso, pero con las medidas adecuadas, es completamente evitable.
La herramienta más eficaz para prevenir una tragedia es la supervisión atenta y sin distracciones. Los expertos coinciden en que un adulto debe estar siempre a cargo de la vigilancia de los niños en el agua. Una práctica recomendada es designar a un “guardián del agua” y hacer turnos entre adultos, pero es fundamental recibir una confirmación verbal clara cuando se realiza el relevo.
El peligro no termina cuando los niños salen del agua. La pediatra de Renown, Crystal Castañeda, advierte sobre un escenario común.
“Muchas veces se ahogan los niños cuando ya han salido de la piscina y ya están comiendo, charlando, y ellos quieren entrar otra vez y tú sin saber, ya han brincado otra vez”, explica.
Uno de los mayores errores que cometen los padres es confiar en dispositivos que no ofrecen una protección real. Los flotadores de brazo o los tubos inflables son extremadamente populares, pero los expertos insisten en que brindan una “seguridad imaginaria”. Estos no son dispositivos de salvamento y pueden desinflarse o deslizarse fácilmente. La opción ideal y más segura es un chaleco salvavidas aprobado por la Guardia Costera de EE. UU.

Otro mito peligroso es creer que el ahogamiento solo puede ocurrir en aguas profundas. La realidad es mucho más alarmante. “Sí, se pueden ahogar los niños o cualquier adulto en 2 pulgadas de profundidad de agua”, afirma la Dra. Castañeda. Esto significa que bañeras, cubos e incluso piscinas inflables pequeñas representan un riesgo significativo y deben vaciarse inmediatamente después de su uso.
Además de la supervisión, las barreras físicas son cruciales. La Dra. Castañeda recomienda “tener áreas de agua cerradas con cualquier cerca”. Estas cercas deben tener al menos 1.2 metros de altura (aproximadamente 4 pies) y contar con cerraduras de seguridad que los niños no puedan alcanzar.
La educación también juega un papel vital. Se recomienda enseñar a los niños a nadar desde los 12 meses de edad. Sin embargo, saber nadar no elimina el riesgo de ahogamiento infantil. Un niño puede cansarse, asustarse o sufrir un calambre, por lo que la supervisión sigue siendo indispensable.
En caso de que ocurra un accidente, es fundamental actuar con rapidez. El centro de salud Renown, por ejemplo, cuenta con:
“una sala de emergencia que es 24 horas y también un equipo pediátrico que trabaja en la unidad intensiva, que es solo para niños”, asegura la Dra. Castañeda.
La prevención, sin embargo, es la clave. Comienza en casa con supervisión, barreras efectivas, educación y el uso de equipos de seguridad adecuados, para garantizar que los recuerdos del verano sean de alegría y no de tragedia.





