
RENO, NV.- Con el funeral del papa Francisco programado para este sábado 26 de abril, las miradas ya se dirigen hacia el próximo gran evento de la Iglesia Católica: el cónclave que elegirá a su sucesor. Este proceso, lleno de tradición, simbolismo y estrategia, definirá el rumbo de la Iglesia para los próximos años.
El cónclave, término que significa literalmente “con llave”, se refiere al encierro de los cardenales en la Capilla Sixtina del Vaticano, donde votan en estricta confidencialidad hasta llegar a un consenso sobre quién será el próximo pontífice.
¿Cuándo comienza el cónclave?
Aunque aún no se ha confirmado oficialmente una fecha, se espera que el cónclave comience aproximadamente 15 días después de la muerte de un papa, lo que sugiere que podría iniciar a principios de mayo. Esta pausa permite a los cardenales viajar a Roma, asistir al funeral y participar en las reuniones previas clave.
Durante este periodo, los cardenales electores —aquellos menores de 80 años— se preparan para las votaciones. En esta ocasión, son 135 los cardenales con derecho a voto, de los cuales 108 fueron nombrados por el propio papa Francisco, una clara mayoría que podría inclinar la elección hacia un candidato que continúe su línea pastoral.
La composición del colegio cardenalicio ha cambiado significativamente durante el papado de Francisco. De los 252 cardenales vivos, 135 son electores. La distribución geográfica es diversa:
- Europa: 53
- Asia: 23
- África: 18
- América del Sur: 17
- América del Norte: 16
- América Central: 4
- Oceanía: 4
Italia es el país con mayor número de cardenales electores: 17. Esta diversidad refleja la intención de Francisco de ampliar la representación del sur global y reducir la influencia tradicional de Europa occidental y América del Norte.
Aunque Francisco nombró a la mayoría de los electores, no todos sus nombramientos son homogéneos. El papa argentino implementó reformas clave, como eliminar la práctica no escrita de nombrar automáticamente a los obispos de ciertas diócesis europeas o estadounidenses como cardenales. También abrió el debate sobre temas tradicionalmente controvertidos, como la comunión para divorciados vueltos a casar, el acercamiento a los católicos LGBTQ+ y la crítica a sectores conservadores dentro de la Iglesia.
Estas posturas provocaron resistencias dentro del Vaticano. Un grupo minoritario pero influyente, compuesto por cardenales opuestos a las reformas, ha estado maniobrando durante años con el objetivo de revertir parte del legado de Francisco. Algunos de estos grupos cuentan con importantes recursos financieros y contactos estratégicos.
Influencia de los cardenales mayores y el riesgo de la era digital
Aunque los cardenales mayores de 80 años no pueden votar, su influencia es notable en las conversaciones informales, cenas privadas y reuniones previas al cónclave. Sus opiniones pueden inclinar voluntades en el cónclave, especialmente en torno a candidatos poco conocidos o de regiones emergentes.
Además, esta elección se desarrollará bajo el escrutinio constante de las redes sociales y medios digitales. Un historiador de la Iglesia ha advertido sobre el riesgo de una “catástrofe reputacional” si un nuevo papa es electo sin la debida verificación pública, y luego se ve envuelto en un escándalo como una acusación de encubrimiento de abusos. En este contexto, los cardenales deberán investigar cuidadosamente el pasado de cada candidato.
Aunque Francisco dejó una huella profunda, esta elección es una oportunidad para confirmar o redirigir el camino de la Iglesia. Gracias a sus reformas, el panorama de candidatos es más amplio y diverso que nunca. Sin embargo, como reza un viejo dicho vaticano: “Quien entra al cónclave como papa, lo deja como cardenal”. La sorpresa es parte esencial del proceso.
Lo que está claro es que el próximo cónclave será decisivo no solo por quién resulte elegido, sino por lo que esa elección dirá sobre el rumbo que desea tomar la Iglesia Católica en el siglo XXI.





